jueves, 8 de febrero de 2007

Deniman contra la urgencia y el taxista que hacía bien el servicio


Sucede que los trámites tienen plazos, y suele pasar que esperamos que se agoten para realizarlos.
Es muy común además que, habiendo agotado el plazo, las acciones pertinentes se produzcan en el último suspiro.
Es en esos momentos y solo en esos momentos de desesperación que se acude a la persona más importante: el mensajero. O, en su defecto y subiendo aun más en el escalafón de responsabilidad, al más pringao que pasé por allí; la persona más prescindible y ausentable, osease el menda lerenda.

Ante la importantísima misión adjudicada obedezco las instrucciones y me dirijo raudo y veloz a la dirección que desde un principio sé es errónea.
Allí me dicen que no, que aquí no es allí, que allí queda más pallá así que llamo para avisar y me llevo un rato tratando de explicar que por mucho que me lo repitan no cuela, que yo estoy entregado desde el principio pero sería incapaz de convencer al funcionario de que el sitio en el que trabaja no es tal sino el que me dicen por teléfono.

Siendo como son una administración pública, están obligados a dar entrada a la documentación que traigo pero, amigos, no contaba con el factor café. El tipo que hace 5 minutos se negaba a dar entrada a mis papeles -y al que voy a convencer de que debe hacerlo- ha tenido la genial idea de ir a tomar un cafelito porque "todos tenemos derecho a tomar un café" como bien me explica la señora que no tiene ni idea de qué le estoy hablando y que lo más parecido a una compulsa que ha visto en su vida es el "20minutos" junto al "adn".
Opto por la opción B. La opción B no es un programa de tv sino una decisión. Ir a la dirección correcta para que me acepten correctamente los documentos (todo ello tras convencer a la auditora que no se fía de la administración un pelo y por tanto menos de mi).
...
- Taxi. Lleveme allí por favor. A la calle tal junto al edificio cual. Tengo mucha prisa.

Teniendo en cuenta que hay cumbre informal de la OTAN en Sevilla esperaba una persecución policial en la que el taxista da la vida por llevarme a tiempo mientras toda la policía de Europa lo acribilla a balazos pensando que se trata de algún estudiante que llega tarde para manifestarse en contra.
No fue así. El taxista decidió atravesar por el centro de la ciudad. Decidió no utilizar una sola vez el carril bus/taxi. Decidió no saltarse un solo semáforo en ámbar y dejar paso a todas las ancianas con perro cagón de Sevilla sin dejar de insultar a un solo motorista.

Tiempo después el taxista me deja a un par de avenidas de allí y me dice:
- Aquí es, el edificio cual.
- Perdone, le he dicho la calle tal junto al edificio cual.
- Tu me has dicho el edificio cual y es este.
- Pero es que yo voy a la calle tal.
- Pues estará por aquí, pero éste es el edificio cual y tú me has dicho al edificio cual.
- De acuerdo, era orientativo, pero yo tengo que ir a la calle tal.
...
Angustiado decido preguntar a un conductor de autobus, lo que enoja al taxista que retoma la marcha.
En vista de que voy a pasarme mis últimos minutos como trabajador de la empresa dando un paseo turístico le pido que pare.
- déjeme usted aquí.
- De eso nada, yo voy a hacer bien el servicio y te dejo en la calle mmmm ¿cómo se llamaba?
- Le pido que me deje vd. aquí por favor.
- ¡Que no! Que no te bajas hasta que no estemos en la calle tal, que yo voy a hacer bien el servicio y te voy a dejar en la calle tal en la puerta de donde tengas que ir que sé que tienes mucha prisa.
- Le digo que es aquí cerca, déjeme bajar por favor.
- Que no coño, que yo voy a hacer bien el servicio.
Ante la subida de tono del taxista (faltando el respeto, todo hay que decirlo) decido demostrar lo que guardo bajo el chaquetón y suelto un torrente de los que utilizaba en las manifestaciones del instituto.
- HE DICHO QUE ME BAJO AQUÍ, PARE USTED INMEDIATAMENTE Y DÍGAME QUE LE DEBO y hagame un ticket por favor.

Tras unos segundos de acojone, el taxista que hacía bien el servicio saca su talón y comienza a expedir la raceta:
- A ver, hemos salido de la calle nosequé "no-se-que" y estamos en la calle ¿como se llamaba la calle?
-Tal
- Calle Tal "c-a-l-l-e-t-a-l". Y yo soy pepito perez "pe-pi-to-pe-rez" y son "cho-rro-c-i-e-n-t-o-s-le-rus".

Mientras cuento ciento diez veces once y recojo el talón me dice "te voy a esperar a que termines para llevarte de vuelta y terminar de hacer bien el servicio".
...
Entro en el edificio. Pregunto por el servicio que, como siempre, está al fondo a la derecha. Rectifico y pregunto por el registro que, casualmente también está al fondo a la derecha.
Los dos esbirros de la dama desidia que me atienden se llevan una gran decepción al comprobar que por reloj estoy dentro del plazo. No tienen muy claro lo que deben hacer porque realmente los papeles tampoco van allí, pero aceptan los documentos y sellan cada una de las páginas de cada una de las 4 copias de cada una de las escrituras que presento, terminando justo en el momento en que empiezo a escuchar por 8ª vez la discografía completa de los Rolling Stones.

Aquí lo dejo.
Ha quedado largo y tal vez soso. Es lo que tiene escribir cansado porque desde allí hasta aquí no había un solo taxi (bus por supuesto tampoco) a excepción del eficiente taxista motociclofobo que me ha venido rondando cual tigre tras gacela. Bueno, tal vez no sea un buen símil teniendo en cuenta mi trote cochinero.

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