
Cuando soft estaba embarazada perdía tiempo pensando en si se me daría bien cambiar pañales y cómo llevaría eso de limpiarle la caquita a mi hija.
No tardé mucho en descubrir que tampoco lo hacía tan mal. O tal vez lo haga mal pero lo hago con una frecuencia que probablemente esté al nivel de pocos padres.
A excepción de su primera expulsión de miconio -honor concedido a su tía Paz- Laura me ha regalado el 90% de su caca.
Cuando nació porque la madre estaba aun reponiéndose; más adelante porque la niña esperaba a que llegara papá para colaborar, y desde hace meses porque Soft se reincorporó a su vida laboral mientras yo sufría una pausa forzada en la mía.
Al poco de nacer, allá por Enero, Laura demostró lo mucho que nos quería lanzando un misil justo cuando nos disponíamos a darle su primer baño.
Dos días después afinó la puntería y escogió el momento en que la sostenía desnuda para meterla en la bañera.
Desde entonces supe que haría lo imposible por hacerme llegar esos regalos.
Con el tiempo nos fuimos conociendo y hemos aprendido a entendernos.
Cuando Laura tiene su Momento Coronado se queda de pie en el parque y me llama. Yo la cojo para cambiarla y compruebo el alcance de su obra que por lo general provoca daños colaterales en ropa y parquecito.
El caso es que hasta hoy -pasando tantas horas diarias a solas con este Demonio de Tasmania- no había tenido ninguna escena de esas que te sobrepasan. Y digo hasta hoy porque escribo mientras termino de vestirme después de recoger la mierda que hemos ido esparciendo por toda la caca, perdón la casa.Durante el proceso ella ha decidido que sus manos estaban muy limpias y también las ha pringado por lo que no he tenido más remedio que llevarla corriendo a la bañera sujeta por las axilas tan lejos como podía.
Hace unos días soft intentó bañarla en la bañera del dormitorio y le da pavor, no se siente segura.
No podía quitarle todo eso del cuerpo en su bañerita porque está debajo del cambiador -pringado hasta arriba- en su cuarto. Era bañera sí o sí.
Imaginad la escena. Laura llorando muerta de miedo y aferrandose a mi queriendo salir de la bañera (aferrándose = pringandome entero) y yo sujetándola con una mano mientras espero con la alcachofa en la otra a que el agua salga caliente.
Tras 5 eternos y empapados minutos de espera decido que el agua ya está lo suficientemente templada para limpiarle al menos la espalda.
¿Resultado? Me ha convencido. Es "bañerita" o nada. Ante todo la integridad física de los presentes.
Ahí estaba yo, con La Bestia del Pantano abrazada a mi cual lapa (a estas alturas mi camiseta de threadless ya no tiene color ni dibujo distinguible) esperando a que el dichoso gas decida calentar el agua.
Y ahí estaba ella, disfrutando del baño como a diario, solo que esta vez salpica con un agua diferente, llena de cositas.
Podría seguir contandoos acerca de cómo quedó su ropa, mi ropa, el cambiador, el suelo de su cuarto, el suelo del baño del dormitorio, la bañera del dormitorio, el suelo del baño chico, la bañerita etc. Pero prefiero volver a mi estado ZEN y dejar que un solo pensamiento invada mi mente cual nube arrastrada por el viento a modo de mantra. "El lunes empieza la guarde" "el lunes empieza la guarde" "el lunes empieza la guarde"
"el lu...
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Parece que no me había limpiado bien del todo. Ahora vuelvo, creo que esta manchita en el portatil no estaba antes.

















