Telefónica mete unas clavadas históricas y su versión móvil, Movistar, no se queda atrás ni en precio ni en facturación con extraños e inesperados cargos por algo que no has usado/pedido/disfrutado (el truco del tocomocho alias "e-moción" es el máximo exponente).
A parte de mis reservas hacía esta compañía tengo mis dudas hacia las condiciones iniciales de contratación del iPhone. Ni la permanencia obligada de 2 años (ya veremos que dispositivos móviles hay en el mercado en menos de 1) ni la escasa capacidad (no pasan de 16GB todavía) ni las tarifas mensuales me resultan atractivas.
El caso es que me pasé por una tienda para preguntar si tenían existencias -para mi jefe- y dejé mi nº pensando en la pobre Soft que lleva meses deseándolo y valiéndose de una batería que dura escasas horas.
Lo que parecía una llegada inminente de mercancía se convirtió en "pasate mañana" así que me imaginé que se trataba de una estrategia para pillar números de clientes potenciales. Y eso es lo que era hasta el otro día en que Soft firmó el contrato de su iPhone de 8GB.
Se puede decir que el mío de 16GB ha llegado de rebote, por aquello de que las llamadas nos salgan más baratas y, porqué negarlo, echaba mucho de menos el iPod Touch.
Ahora solo falta no perderlo, que no me lo roben, no dejarlo caer en el water, que no se resbale de las manos en una noche de copas, no buscarle demasiados fallos de fabricación hasta cumplidos los 24 meses, y que mi futuro hijo prefiera juguetear con los mandos a distancia.
Lo de
customizarlo es probable que tarde un poco, como mínimo hasta estar seguro que es el definitivo y no me pase el día llendo a cambiarlo por fallos como pasó con el otro.